El 9-M ha disuelto las coartadas del PP balear, a la hora de justificar un retroceso electoral que se inicia el 2004, se agudiza con la pérdida de las instituciones autonómicas en 2007 y se remata con la primera derrota en número absoluto de sufragios, en el último cuarto de siglo. Ocho centésimas porcentuales -y 360 votos sobre 207.000- a favor del PSOE definen un exiguo margen. Sin embargo, hay que remontarse a 1986 para registrar una victoria numérica de los socialistas sobre los conservadores. La consolidación del empate a cuatro diputados exhibe sobretonos amenazantes para los conservadores.
El empate a cuatro de 2004 era tranquilizador para el PP, que mantenía una holgada ventaja de siete puntos sobre los socialistas. La proyección de aquellos resultados a escala autonómica avalaba una mayoría absoluta en el Consolat, truncada el pasado mayo. La diferencia preexistente fue pulverizada ayer, con un cambio de signo tan exiguo como significativo. Para lograrlo, los conservadores retrocedieron dos puntos, mientras su rival crecía cinco.
También en votos absolutos continúa desangrándose el PP. Con una participación similar -en el rango del 68 por ciento-, los populares perdieron ayer siete mil votantes. Por primera vez desde la era de las mayorías absolutas de Felipe González, la candidatura de Antoni Garcias para el PSOE asumía el protagonismo de una jornada electoral en Balears. Con un 44 por ciento de los sufragios, asume una representatividad de vértigo, inédita desde el comienzo de la democracia. El estancamiento conservador les conduce a rebajar en tres puntos el porcentaje en las autonómicas de que alardean sin cesar.
En Balears se ha consumado uno de los retrocesos más preocupantes del PP en toda España. El vuelco supone un balón de oxígeno adicional para el Govern de Francesc Antich, más difícil de desacreditar tras el empate porcentual de los dos partidos mayoritarios. Todo ello en una jornada abrumadoramente bipartidista. Cuatro de cada cinco habitantes de Balears optaron por siglas de ámbito estatal.
El simbolismo del cuatro a cuatro se refuerza al recordar que debía tratarse de una anomalía, que el PP englobó en la onda expansiva de la matanza del 11-M. La derecha se sentía tan segura de lo anecdótico de la igualada, que propuso como cabeza de su candidatura a la misma Maria Salom que había protagonizado el primer estropicio -descendió de un 5-2 a un 4-4-. A diferencia de Rajoy, no puede quejarse de haber tenido enfrente a un rival de la talla de Zapatero. Con Antoni Garcias, el PSOE se resignaba a un digno segundo puesto.
Para advertir la magnitud del logro socialista, en 2000 obtuvo únicamente un 25 por ciento, coincidiendo con la mayoría absoluta de Aznar. Va camino de doblar ese porcentaje, mientras el PP ahonda su crisis. Como de costumbre, ambos partidos se benefician de la Ley d´Hont, que la derecha critica con insistencia.
La suma de votos obtenidos por los otros aspirantes cualificados -Unitat y Esquerra Unida-Verds- tampoco hubiera vulnerado el duopolio orquestado por PP y PSOE. El variopinto colectivo unitario se ha quedado instalado en el seis por ciento, en tanto que los representantes de Llamazares se circunscribían al tres por ciento. El precio de un diputado balear exige una cuota del once por ciento.
El PSOE vence al PP en Menorca y Eivissa, mientras que se ve superado en Mallorca. La nueva situación se transmite al Senado. Los socialistas obtienen tres de los cinco escaños en la cámara alta que se dirimían en Balears. En concreto, los correspondientes a Eivissa, Menorca y Mallorca, donde el PP se ha valido de su mejor porcentaje para consolidar dos plazas. Excepcionalmente, la izquierda balear ha arrastrado a sus correligionarios, mejorando en un punto los resultados estatales.
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El empate a cuatro de 2004 era tranquilizador para el PP, que mantenía una holgada ventaja de siete puntos sobre los socialistas. La proyección de aquellos resultados a escala autonómica avalaba una mayoría absoluta en el Consolat, truncada el pasado mayo. La diferencia preexistente fue pulverizada ayer, con un cambio de signo tan exiguo como significativo. Para lograrlo, los conservadores retrocedieron dos puntos, mientras su rival crecía cinco.
También en votos absolutos continúa desangrándose el PP. Con una participación similar -en el rango del 68 por ciento-, los populares perdieron ayer siete mil votantes. Por primera vez desde la era de las mayorías absolutas de Felipe González, la candidatura de Antoni Garcias para el PSOE asumía el protagonismo de una jornada electoral en Balears. Con un 44 por ciento de los sufragios, asume una representatividad de vértigo, inédita desde el comienzo de la democracia. El estancamiento conservador les conduce a rebajar en tres puntos el porcentaje en las autonómicas de que alardean sin cesar.
En Balears se ha consumado uno de los retrocesos más preocupantes del PP en toda España. El vuelco supone un balón de oxígeno adicional para el Govern de Francesc Antich, más difícil de desacreditar tras el empate porcentual de los dos partidos mayoritarios. Todo ello en una jornada abrumadoramente bipartidista. Cuatro de cada cinco habitantes de Balears optaron por siglas de ámbito estatal.
El simbolismo del cuatro a cuatro se refuerza al recordar que debía tratarse de una anomalía, que el PP englobó en la onda expansiva de la matanza del 11-M. La derecha se sentía tan segura de lo anecdótico de la igualada, que propuso como cabeza de su candidatura a la misma Maria Salom que había protagonizado el primer estropicio -descendió de un 5-2 a un 4-4-. A diferencia de Rajoy, no puede quejarse de haber tenido enfrente a un rival de la talla de Zapatero. Con Antoni Garcias, el PSOE se resignaba a un digno segundo puesto.
Para advertir la magnitud del logro socialista, en 2000 obtuvo únicamente un 25 por ciento, coincidiendo con la mayoría absoluta de Aznar. Va camino de doblar ese porcentaje, mientras el PP ahonda su crisis. Como de costumbre, ambos partidos se benefician de la Ley d´Hont, que la derecha critica con insistencia.
La suma de votos obtenidos por los otros aspirantes cualificados -Unitat y Esquerra Unida-Verds- tampoco hubiera vulnerado el duopolio orquestado por PP y PSOE. El variopinto colectivo unitario se ha quedado instalado en el seis por ciento, en tanto que los representantes de Llamazares se circunscribían al tres por ciento. El precio de un diputado balear exige una cuota del once por ciento.
El PSOE vence al PP en Menorca y Eivissa, mientras que se ve superado en Mallorca. La nueva situación se transmite al Senado. Los socialistas obtienen tres de los cinco escaños en la cámara alta que se dirimían en Balears. En concreto, los correspondientes a Eivissa, Menorca y Mallorca, donde el PP se ha valido de su mejor porcentaje para consolidar dos plazas. Excepcionalmente, la izquierda balear ha arrastrado a sus correligionarios, mejorando en un punto los resultados estatales.
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El empate a cuatro de 2004 era tranquilizador para el PP, que mantenía una holgada ventaja de siete puntos sobre los socialistas. La proyección de aquellos resultados a escala autonómica avalaba una mayoría absoluta en el Consolat, truncada el pasado mayo. La diferencia preexistente fue pulverizada ayer, con un cambio de signo tan exiguo como significativo. Para lograrlo, los conservadores retrocedieron dos puntos, mientras su rival crecía cinco.
También en votos absolutos continúa desangrándose el PP. Con una participación similar -en el rango del 68 por ciento-, los populares perdieron ayer siete mil votantes. Por primera vez desde la era de las mayorías absolutas de Felipe González, la candidatura de Antoni Garcias para el PSOE asumía el protagonismo de una jornada electoral en Balears. Con un 44 por ciento de los sufragios, asume una representatividad de vértigo, inédita desde el comienzo de la democracia. El estancamiento conservador les conduce a rebajar en tres puntos el porcentaje en las autonómicas de que alardean sin cesar.
En Balears se ha consumado uno de los retrocesos más preocupantes del PP en toda España. El vuelco supone un balón de oxígeno adicional para el Govern de Francesc Antich, más difícil de desacreditar tras el empate porcentual de los dos partidos mayoritarios. Todo ello en una jornada abrumadoramente bipartidista. Cuatro de cada cinco habitantes de Balears optaron por siglas de ámbito estatal.
El simbolismo del cuatro a cuatro se refuerza al recordar que debía tratarse de una anomalía, que el PP englobó en la onda expansiva de la matanza del 11-M. La derecha se sentía tan segura de lo anecdótico de la igualada, que propuso como cabeza de su candidatura a la misma Maria Salom que había protagonizado el primer estropicio -descendió de un 5-2 a un 4-4-. A diferencia de Rajoy, no puede quejarse de haber tenido enfrente a un rival de la talla de Zapatero. Con Antoni Garcias, el PSOE se resignaba a un digno segundo puesto.
Para advertir la magnitud del logro socialista, en 2000 obtuvo únicamente un 25 por ciento, coincidiendo con la mayoría absoluta de Aznar. Va camino de doblar ese porcentaje, mientras el PP ahonda su crisis. Como de costumbre, ambos partidos se benefician de la Ley d´Hont, que la derecha critica con insistencia.
La suma de votos obtenidos por los otros aspirantes cualificados -Unitat y Esquerra Unida-Verds- tampoco hubiera vulnerado el duopolio orquestado por PP y PSOE. El variopinto colectivo unitario se ha quedado instalado en el seis por ciento, en tanto que los representantes de Llamazares se circunscribían al tres por ciento. El precio de un diputado balear exige una cuota del once por ciento.
El PSOE vence al PP en Menorca y Eivissa, mientras que se ve superado en Mallorca. La nueva situación se transmite al Senado. Los socialistas obtienen tres de los cinco escaños en la cámara alta que se dirimían en Balears. En concreto, los correspondientes a Eivissa, Menorca y Mallorca, donde el PP se ha valido de su mejor porcentaje para consolidar dos plazas. Excepcionalmente, la izquierda balear ha arrastrado a sus correligionarios, mejorando en un punto los resultados estatales.
Otras Noticias El 9-M ha disuelto las coartadas del PP balear, a la hora de justificar un retroceso electoral que se inicia el 2004, se agudiza con la pérdida de las instituciones autonómicas en 2007 y se remata con la primera derrota en número absoluto de sufragios, en el último cuarto de siglo. Ocho centésimas porcentuales -y 360 votos sobre 207.000- a favor del PSOE definen un exiguo margen. Sin embargo, hay que remontarse a 1986 para registrar una victoria numérica de los socialistas sobre los conservadores. La consolidación del empate a cuatro diputados exhibe sobretonos amenazantes para los conservadores.
El empate a cuatro de 2004 era tranquilizador para el PP, que mantenía una holgada ventaja de siete puntos sobre los socialistas. La proyección de aquellos resultados a escala autonómica avalaba una mayoría absoluta en el Consolat, truncada el pasado mayo. La diferencia preexistente fue pulverizada ayer, con un cambio de signo tan exiguo como significativo. Para lograrlo, los conservadores retrocedieron dos puntos, mientras su rival crecía cinco.
También en votos absolutos continúa desangrándose el PP. Con una participación similar -en el rango del 68 por ciento-, los populares perdieron ayer siete mil votantes. Por primera vez desde la era de las mayorías absolutas de Felipe González, la candidatura de Antoni Garcias para el PSOE asumía el protagonismo de una jornada electoral en Balears. Con un 44 por ciento de los sufragios, asume una representatividad de vértigo, inédita desde el comienzo de la democracia. El estancamiento conservador les conduce a rebajar en tres puntos el porcentaje en las autonómicas de que alardean sin cesar.
En Balears se ha consumado uno de los retrocesos más preocupantes del PP en toda España. El vuelco supone un balón de oxígeno adicional para el Govern de Francesc Antich, más difícil de desacreditar tras el empate porcentual de los dos partidos mayoritarios. Todo ello en una jornada abrumadoramente bipartidista. Cuatro de cada cinco habitantes de Balears optaron por siglas de ámbito estatal.
El simbolismo del cuatro a cuatro se refuerza al recordar que debía tratarse de una anomalía, que el PP englobó en la onda expansiva de la matanza del 11-M. La derecha se sentía tan segura de lo anecdótico de la igualada, que propuso como cabeza de su candidatura a la misma Maria Salom que había protagonizado el primer estropicio -descendió de un 5-2 a un 4-4-. A diferencia de Rajoy, no puede quejarse de haber tenido enfrente a un rival de la talla de Zapatero. Con Antoni Garcias, el PSOE se resignaba a un digno segundo puesto.
Para advertir la magnitud del logro socialista, en 2000 obtuvo únicamente un 25 por ciento, coincidiendo con la mayoría absoluta de Aznar. Va camino de doblar ese porcentaje, mientras el PP ahonda su crisis. Como de costumbre, ambos partidos se benefician de la Ley d´Hont, que la derecha critica con insistencia.
La suma de votos obtenidos por los otros aspirantes cualificados -Unitat y Esquerra Unida-Verds- tampoco hubiera vulnerado el duopolio orquestado por PP y PSOE. El variopinto colectivo unitario se ha quedado instalado en el seis por ciento, en tanto que los representantes de Llamazares se circunscribían al tres por ciento. El precio de un diputado balear exige una cuota del once por ciento.
El PSOE vence al PP en Menorca y Eivissa, mientras que se ve superado en Mallorca. La nueva situación se transmite al Senado. Los socialistas obtienen tres de los cinco escaños en la cámara alta que se dirimían en Balears. En concreto, los correspondientes a Eivissa, Menorca y Mallorca, donde el PP se ha valido de su mejor porcentaje para consolidar dos plazas. Excepcionalmente, la izquierda balear ha arrastrado a sus correligionarios, mejorando en un punto los resultados estatales.
Otras Noticias El 9-M ha disuelto las coartadas del PP balear, a la hora de justificar un retroceso electoral que se inicia el 2004, se agudiza con la pérdida de las instituciones autonómicas en 2007 y se remata con la primera derrota en número absoluto de sufragios, en el último cuarto de siglo. Ocho centésimas porcentuales -y 360 votos sobre 207.000- a favor del PSOE definen un exiguo margen. Sin embargo, hay que remontarse a 1986 para registrar una victoria numérica de los socialistas sobre los conservadores. La consolidación del empate a cuatro diputados exhibe sobretonos amenazantes para los conservadores.
El empate a cuatro de 2004 era tranquilizador para el PP, que mantenía una holgada ventaja de siete puntos sobre los socialistas. La proyección de aquellos resultados a escala autonómica avalaba una mayoría absoluta en el Consolat, truncada el pasado mayo. La diferencia preexistente fue pulverizada ayer, con un cambio de signo tan exiguo como significativo. Para lograrlo, los conservadores retrocedieron dos puntos, mientras su rival crecía cinco.
También en votos absolutos continúa desangrándose el PP. Con una participación similar -en el rango del 68 por ciento-, los populares perdieron ayer siete mil votantes. Por primera vez desde la era de las mayorías absolutas de Felipe González, la candidatura de Antoni Garcias para el PSOE asumía el protagonismo de una jornada electoral en Balears. Con un 44 por ciento de los sufragios, asume una representatividad de vértigo, inédita desde el comienzo de la democracia. El estancamiento conservador les conduce a rebajar en tres puntos el porcentaje en las autonómicas de que alardean sin cesar.
En Balears se ha consumado uno de los retrocesos más preocupantes del PP en toda España. El vuelco supone un balón de oxígeno adicional para el Govern de Francesc Antich, más difícil de desacreditar tras el empate porcentual de los dos partidos mayoritarios. Todo ello en una jornada abrumadoramente bipartidista. Cuatro de cada cinco habitantes de Balears optaron por siglas de ámbito estatal.
El simbolismo del cuatro a cuatro se refuerza al recordar que debía tratarse de una anomalía, que el PP englobó en la onda expansiva de la matanza del 11-M. La derecha se sentía tan segura de lo anecdótico de la igualada, que propuso como cabeza de su candidatura a la misma Maria Salom que había protagonizado el primer estropicio -descendió de un 5-2 a un 4-4-. A diferencia de Rajoy, no puede quejarse de haber tenido enfrente a un rival de la talla de Zapatero. Con Antoni Garcias, el PSOE se resignaba a un digno segundo puesto.
Para advertir la magnitud del logro socialista, en 2000 obtuvo únicamente un 25 por ciento, coincidiendo con la mayoría absoluta de Aznar. Va camino de doblar ese porcentaje, mientras el PP ahonda su crisis. Como de costumbre, ambos partidos se benefician de la Ley d´Hont, que la derecha critica con insistencia.
La suma de votos obtenidos por los otros aspirantes cualificados -Unitat y Esquerra Unida-Verds- tampoco hubiera vulnerado el duopolio orquestado por PP y PSOE. El variopinto colectivo unitario se ha quedado instalado en el seis por ciento, en tanto que los representantes de Llamazares se circunscribían al tres por ciento. El precio de un diputado balear exige una cuota del once por ciento.
El PSOE vence al PP en Menorca y Eivissa, mientras que se ve superado en Mallorca. La nueva situación se transmite al Senado. Los socialistas obtienen tres de los cinco escaños en la cámara alta que se dirimían en Balears. En concreto, los correspondientes a Eivissa, Menorca y Mallorca, donde el PP se ha valido de su mejor porcentaje para consolidar dos plazas. Excepcionalmente, la izquierda balear ha arrastrado a sus correligionarios, mejorando en un punto los resultados estatales.
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